Cada 21 de octubre, el Día Mundial del Ahorro de Energía invita a reflexionar sobre la importancia de utilizar responsablemente los recursos energéticos. Más allá de apagar las luces que no se utilizan, la eficiencia energética constituye un desafío para los hogares, las industrias y el sector agropecuario, donde la energía es fundamental para producir, procesar, conservar y transportar alimentos.
Paraguay: crece la demanda de electricidad
Según datos oficiales de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), el consumo eléctrico nacional alcanzó los 29.419 gigavatios hora (GWh) en 2025, lo que representó un crecimiento del 12,5% respecto al año anterior. La demanda fue abastecida principalmente por las centrales hidroeléctricas de Itaipú, Yacyretá y Acaray. Fuente: ANDE.
Este escenario pone en perspectiva la importancia de gestionar adecuadamente la electricidad disponible. Aunque Paraguay cuenta con una importante capacidad de generación hidroeléctrica, el crecimiento del consumo hace necesario prestar atención a la eficiencia en todos los sectores de la economía.
La eficiencia energética: un desafío global
La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) estima que la mejora de la intensidad energética mundial alcanzaría el 1,8% en 2025, frente al 1% registrado en 2024. Sin embargo, el avance continúa por debajo del objetivo internacional de duplicar el ritmo de mejora de la eficiencia energética para 2030, acordado por los gobiernos durante la COP28.
El organismo también señala que, sin las mejoras de eficiencia implementadas desde 2010, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero serían un 20% mayores. Estos datos muestran que aprovechar mejor la energía no solo contribuye a reducir gastos, sino que también puede disminuir el impacto ambiental de las actividades económicas. Fuente: IEA, Energy Efficiency 2025.
¿Qué significa ahorrar energía en el sector agropecuario?
En la producción agropecuaria, la eficiencia energética puede abordarse mediante decisiones concretas adaptadas a cada sistema productivo. Entre las principales oportunidades se encuentran:
Riego eficiente: revisar el funcionamiento de bombas, motores y sistemas de distribución de agua para evitar consumos innecesarios.
Uso responsable de la electricidad: apagar equipos que no se utilizan y realizar mantenimiento preventivo de instalaciones y maquinarias.
Conservación de alimentos: optimizar el funcionamiento de cámaras frigoríficas y sistemas de refrigeración, fundamentales para preservar la calidad de los productos.
Tecnología y automatización: incorporar equipos eficientes y sistemas de control que permitan ajustar el consumo a las necesidades reales de cada proceso.
Energías renovables: evaluar alternativas como la energía solar para determinadas aplicaciones, considerando la inversión, la demanda y las condiciones de cada establecimiento.
La aplicación de estas medidas debe evaluarse de acuerdo con las características de cada actividad, ya que el potencial de ahorro depende de los equipos, la escala de producción y las condiciones operativas.
Pequeñas acciones, grandes oportunidades
El ahorro energético comienza con hábitos cotidianos: apagar las luces en espacios vacíos, desconectar equipos que no se utilizan, regular adecuadamente el aire acondicionado y elegir electrodomésticos eficientes.
En las empresas agropecuarias, estas acciones pueden complementarse con el seguimiento del consumo eléctrico, la identificación de los procesos que demandan más energía y la evaluación periódica de los resultados.
En una economía vinculada a la producción de alimentos y al aprovechamiento de los recursos naturales, la eficiencia energética es una herramienta para fortalecer la competitividad y la sostenibilidad.
Cuidar la energía no significa producir menos, sino buscar la manera de producir mejor, utilizando los recursos de forma más inteligente.




